Yo no tengo nada contra el matrimonio, de hecho, cuando nací mis padres estaban casados y ni me enfadé ni les dije nada. Pero tengo un problema con eso de vivir en pareja: ¡soy alérgico al compromiso! Porque al fin y al cabo, ¿para qué sirve el compromiso? ¡Para tener derecho a enfadarse! Porque mientras sois amigos todo va bien. Llegas tarde a recoger a una amiga, y la tía no se enfada, no tiene derecho, sólo sois amigos.
Pero en cuanto te comprometes, ¡hala, broncas a todas horas! Llegas tarde a recogerla, llamas al telefonillo:
- ¿Qué quieres?
- Que estoy aquí abajo…
- ¿Has visto que hora es?
- Sí, pero es que
…
- ¡Ni es que, ni asco! ¡La próxima vez, si vas a venir tan tarde, déjalo!
Y tú, a tragar, como estás comprometido…
Lo que pasa es que, claro, tú conoces a una chica, te cae bien, es guapa… y como parece que no lleva malas intenciones, te olvidas y decides salir con ella. Al principio no hay problema, pero de pronto empiezas a notar cierta presión: estáis echando un kiki, ¡un kiki sin compromiso!, y, sin venir a cuento, la tía te suelta:
- Te quiero, Jorge
¿Qué ha dicho? ¿Qué me quiere? ¿Pero yo que le he hecho a esta tía?
Pero en cuanto te comprometes, ¡hala, broncas a todas horas! Llegas tarde a recogerla, llamas al telefonillo:
- ¿Qué quieres?
- Que estoy aquí abajo…
- ¿Has visto que hora es?
- Sí, pero es que
…
- ¡Ni es que, ni asco! ¡La próxima vez, si vas a venir tan tarde, déjalo!
Y tú, a tragar, como estás comprometido…
Lo que pasa es que, claro, tú conoces a una chica, te cae bien, es guapa… y como parece que no lleva malas intenciones, te olvidas y decides salir con ella. Al principio no hay problema, pero de pronto empiezas a notar cierta presión: estáis echando un kiki, ¡un kiki sin compromiso!, y, sin venir a cuento, la tía te suelta:
- Te quiero, Jorge
¿Qué ha dicho? ¿Qué me quiere? ¿Pero yo que le he hecho a esta tía?



