Murió el rabino de un pequeño pueblo y, después de algún tiempo, su congregación decidió que la viuda debía casarse de nuevo.
Dado lo pequeño del pueblo, el único candidato disponible era el carnicero.
Aunque muy reticente, porque estaba acostumbrada a vivir con un intelectual, la viuda aceptó.
Se celebró el matrimonio, y el viernes por la noche, después del baño ritual, el nuevo marido le dijo a la ex viuda:
- Mi madre siempre dijo que al comienzo de sábado, es un precepto hacer sexo antes de ir a la sinagoga.
Y lo hicieron.
Cuando volvieron del servicio religioso, él le dijo:
- Según mi padre, es un precepto hacer sexo antes de cenar.
Y lo hicieron de nuevo.



